Año I • Número 17 • Marzo de 2010 • Publicación el día 5 de cada mes
Ruta española del vino
 
Enoturismo en el corazón de la Ribera del Duero
Alba Prieto Villarragut
 
En el corazón de Castilla, de Peñafiel a Quintanilla de Onésimo, los inmensos campos de viñas están salpicados por pueblos llenos de encanto. Y toda una zona regada por los sabores de algunos de los mejores vinos tintos de la Denominación de Origen Ribera del Duero.
Peñafiel, cuna del tinto
Es el municipio más representativo de la zona. Su principal atractivo es su castillo, construido en el siglo X y reedificado en el siglo XIV, con característico estrecho y alargado trazado en planta. Hoy, en su ala sur acoge el Museo Provincial del Vino.
Castillo de Peñafiel.
Este museo es el núcleo del enoturismo en la zona. Para los amantes de esta bebida, el centro ofrece cursos de catas y de maridaje, conciertos y otros espectáculos. Los más curiosos pueden preguntar por sus catas dirigidas de licores, cervezas e incluso zumos. El precio de la entrada libre al museo (6 euros) incluye una visita guiada por el castillo.
Otro atractivo turístico de Peñafiel es la Plaza del Coso, un recinto medieval ideado para albergar festejos taurinos. Su suelo de arena amarilla está limitado directamente por casas de madera con formas talladas, lo que hace que sea uno de los atractivos más curiosos del municipio.
Tierra de bodegas
La zona que rodea este municipio está plagada de bodegas y viñedos. Conviene informarse bien antes de visitarlas, pues muchas cierran los domingos y requieren cita previa.
La bodega de Protos es la más conocida y una de las que mejor ha sabido aprovechar el tirón que supone el enoturismo. Su impresionante arquitectura, a cargo del afamado Richard Rogers, aúna tradición, modernidad y conciencia ecológica. La construcción compite al mejor edificio sostenible en los premios internacionales RICS 2009.
Los amantes de la tecnología pueden acercarse a las bodegas Resalte. Su moderna bodega es un escaparate de los últimos avances para elaborar vino.
Para aquellos que prefieran la arquitectura tradicional, las opciones son mucho más numerosas. Algunas incluso se ubican en edificios construidos hace siglos. Por ejemplo, la bodega Convento de San Francisco aprovecha una bodega centenaria en un convento del siglo XIII. O las bodegas Castillo de Peñafiel, que envejecen su vino entre los muros de una iglesia del siglo XII.
A orillas del Duero
En la ruta del Duero hay muchos otros municipios que congregan bodegas llenas de encanto turístico, cercanas a pequeños municipios castellanos. En torno a Quintanilla de Onésimo y Sardón, la riqueza del enoturismo sigue muy presente.
Centro Emina.
Destaca una iniciativa centrada en dar a conocer la cultura del vino: el Centro de Interpretación Vitivinícola Emina. Cuenta con viñedos, un pequeño museo y una bodega propia. La visita requiere cita previa, y contempla descuentos para grupos, estudiantes y jubilados.
Muy cerca de este centro descansa el monasterio de Santa María de Valbuena, en San Bernardo, uno de los edificios más importantes de la zona. Fundado en el año 1143, su principal atractivo es su iglesia, de tres naves. También destacan su coro plateresco, sus pinturas murales, su claustro y su entorno, un remanso de tranquilidad monástica a orillas del Duero.
Algunas bodegas se emplazan en otros edificios religiosos centenarios. La bodega Abadía de Retuerta, en Sardón, complementa sus visitas enológicas con el acceso guiado a una abadía del siglo XII.
Si el presupuesto no es un problema, Quintanilla de Onésimo ofrece una de las mejores oportunidades enoturísticas: Arzuaga Navarro. Las bodegas están rodeadas por un hotel de cinco estrellas, un lujoso restaurante, una reserva de caza y un spa con una amplia carta de tratamientos de vinoterapia. Ofrecen actividades muy variadas, desde paseos a caballo hasta catas a ciegas.
Pero aquellos que no dispongan de un presupuesto holgado, no tienen que renunciar a disfrutar del enoturismo. Bodegas como Ríos Prieto, Federico o Servilio Arranz, en Pesquera; Pagos de Mogar y Montebaco, en Valbuena; o Ribón y Vega de Yuso, en Quintanilla, ofrecen visitas gratuitas.
Los tintos elaborados con tempranillo y la arquitectura y el encanto de la zona son los ingredientes principales de un tipo de turismo perfecto para los cinco sentidos.
Publicado el 5 de junio de 2009 a las 00:00 horas.
| Imprimir
• Colaboradores: Graciela Padilla, Juan Antonio Narro, Carlos Murillo, Almudena García, Irene Pérez, Javier Alonso, Ana Fernández, Victoria Selma, Alba Prieto.
El Viajero del SIGLO XXI es propiedad del diario digital SIGLO XXI.
Prohibida la reproducción total o parcial de los contenidos. Toda responsabilidad derivada de los textos recae sobre sus autores. Reservados todos los derechos.