A veces, es un grandísimo error porque hay tanto por ver en las afueras de esa capital como en el centro
Éste es el caso de Lisboa, donde podemos estar
varios días disfrutando de todo lo que ofrece la capital portuguesa, pero
también el mismo tiempo admirando las bellezas existentes a pocos kilómetros. Más
aún, cuando cuenta con un espacio natural tan impresionante como la
desembocadura del río Tajo o la deslumbrante belleza de la costa atlántica en
esta zona. Así pues, la variedad es tan extensa que el abanico de posibilidades
va desde un selecto descanso en Estoril o Cascais a disfrutar de la sorprendente
naturaleza de la sierra de Sintra.
Incluso,
me atrevo a afirmar, podemos recorrer una significativa parte de la historia de
Portugal a través de sus grandes palacios: Queluz, Mafra o el Palacio da Pena,
por poner algunos conocidos ejemplos.
Si,
por el contrario, lo que deseamos son playas de ensueño nada mejor que la
cercana Caparica, que se ha convertido, en los últimos años, en un pequeño
paraíso para los amantes del surf.
Quiero,
no obstante, hacer hincapié en un lugar especial: el palacio de Queluz. Posiblemente,
la más excelsa muestra de la riqueza, en tiempos pretéritos, de la corona
portuguesa. La Casa de Bragança tuvo como principal residencia, tras su
construcción, este hermoso palacio donde parece competir en belleza su interior
y el exterior. Jardines amplios y cuidados, con característicos azulejos, tanto
azules y blancos como policromados, otorgan a este recinto arquitectónico la
justificada vitela de "el Versalles de Portugal". Un testimonio presente,
de claro estilo afrancesado, de la grandeza histórica de un país y del lugar desde
donde se gobernó vastos territorios de varios continentes.
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No
es pues extraño que, a día de hoy, sea uno de los edificios más visitados del
país vecino. Recorrer la sala de embajadores, el salón del trono, apreciar la belleza de la escalera Robillon
o la sala de Don Quijote tienen su espectacular final en los jardines, de
trazado geométrico y con una soberbia sucesión de fuentes y esculturas que parecen
conformar un cuadro verdaderamente
armónico.
Impresionantes
salones para recepciones y grandes fastos, espejos que consiguen dar la
sensación de acrecentar las dimensiones de la sala, puertas falsas, insólitos escondrijos,
profusión de balcones y grandes ventanales esperan al viajero.
De
igual manera que normalmente suele visitarse este palacio y regresar a dormir a
Lisboa, en este caso, aconsejo pernoctar justo frente a tan insigne monumento: en
un precioso alojamiento reconvertido en Pousada (www.pousadas.pt). Este hotel (Pousada de Queluz o Pousada de Dª. María) se
encuentra curiosamente situado en el edificio que, con anterioridad, fue sede
de la Guardia Real portuguesa.
Es un espacio tranquilo con una
estupenda localización. Descanso que resulta más placentero tras probar las
delicias gastronómicas que prepara su restaurante "Conzinha Velha".
Datos útiles
Web: www.pnqueluz.imc-ip.pt,
www.visitlisboa.com
Horario: de 9 de la mañana a 5 de la tarde.
Email: pnqueluz@imc-ip.pt
Recomendación: Comprar la Lisboa Card. Muy útil para movernos en
tren y acercarnos hasta Queluz.