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Ruta del vino: Encuentro de sentidos
Laura Saiz
Una invitación a una buena copa de vino es rechazada por muy pocos. Si a esto le sumamos cultura, tradición, gastronomía, costumbres antiguas y un entorno privilegiado, nos encontramos con el turismo enológico, del que España es uno de los grandes exponentes. Castilla La Mancha cuenta con la zona vitivinícola más extensa del mundo. ¡Conócela!
España tiene una importante tradición vitivinícola, que le ha llevado a ser uno de los principales productores a nivel mundial. El prestigio de sus caldos, sumado a unas condiciones climatológicas envidiables y unos entornos privilegiados, es el punto de partida desde el que despega el enoturismo, una rama que crece espectacularmente dentro de la industria turística.
El vino como gran protagonista está de moda en el sector turístico. Avalado por prestigiosos premios, las autoridades apuestan fuerte por el proyecto “Rutas del Vino de España”. Su propio lema “Encuentro de sentidos” es una directa declaración de intenciones.
En la actualidad el proyecto cuenta con un total de 19 rutas, 11 de ellas plenamente certificadas: Bullas (Murcia), Jumilla (Murcia), La Mancha, Marco de Jerez, Montilla-Moriles, Navarra, Rías Baixas, Rioja Alavesa, Somontano (Aragón), Tacoronte-Acentejo (Canarias) y Penedès (Cataluña), y otras ocho en proceso de certificación: Ribera de Duero, Rioja, Condado de Huelva, Ribeiro (Galicia), Utiel-Requena (Comunidad Valenciana), Acoden-Daute-Isora (Canarias), Alicante y Ribera del Guadiana (Extremadura).
Está claro que son muchas las regiones productoras de vino de calidad en nuestro país. Sin embargo, el título de zona vitivinícola más extensa del mundo por número de hectáreas sólo lo ostenta Castilla La Mancha.
En las tierras a las que Don Quijote dio fama, “Caminos del vino” es una ruta temática en la que esta bebida es la gran protagonista. Siete localidades se han unido para ofrecer al visitante todo su potencial turístico y pasar unas jornadas agradables. Alcázar de San Juan, Campo de Criptana, Pedro Muñoz, San Clemente, Socuéllamos, Tomelloso y Villarrobledo.
Catas moderadas
Actividad casi obligada es la visita a una de las numerosas bodegas de la zona. Además de descubrir la historia de todo este amplio territorio, el cultivo de las vides o los diferentes tipos de uva, se ofrecen cursillos para los amantes del vino y suculentos menús con productos de la zona marinados con catas de vino.
Muchos son los estudios que avalan los beneficios de una ingesta moderada de vino. Según el estudio “Efectos del consumo moderado de vino y de la ginebra sobre los marcadores sistemáticos de la arterioesclerosis”, realizado en el Hospital Clínico de Barcelona por el equipo del profesor Álvaro Urbano-Márquez y el Dr. Ramón Estruch como investigador principal, disfrutar de una buena copa de vino tiene efectos positivos que pasan por la prevención de lesiones arteriales, infartos o trombosis arteriales, junto con sus propiedades antioxidantes y antiinflamatorias.
No obstante, hay que recordar la importancia de un consumo moderado de este producto. Sus propiedades beneficiosas para la salud se arruinan con una ingesta elevada. No en vano, se trata de una bebida alcohólica.
Placeres para el paladar
Muchos son los puntos en las rutas del vino manchegas en los que se puede disfrutar de su gastronomía.
De perfil fuerte, elaboración sencilla y excelente materia prima, es posible combinar platos más consistentes como los asados o caza menor con recetas más ligeras e igualmente sabrosas como el pisto manchego.
Lo que no puede faltar es la degustación de queso en nuestra visita a esta región. Su fama no sólo es fruto de su sabor, sino también de sus excelentes propiedades nutritivas: alto contenido protéico; vitaminas A, D y E, claves en el crecimiento, la conservación de tejidos y la absorción del calcio, otro de sus componentes fundamentales.
Sin embargo, si se padece alguna afección cardiovascular, su consumo debe ser moderado. Tiene un alto contenido en grasas.
Senderismo
Un buen paseo es el complemento perfecto para ayudar a eliminar los posibles excesos gastronómicos.
“Caminos del vino” nos ofrece la denominada “Ruta de la laguna”, de ocho kilómetros de extensión, que muchos prefieren realizar en bicicleta para rebajar el esfuerzo. Paseando por las lagunas del entorno de Pedro Muñoz, se puede disfrutar tanto de la peculiar flora de la zona como de la observación de diferentes aves como el ánade real, el fumarel común o perdices.
Otra buena opción es un tranquilo paseo por los viñedos, posibilidad que ofrecen algunas bodegas en sus visitas. Y para quien quiera olvidarse del vino durante su escapada manchega encontrará rincones únicos en los pueblos que conforman esta peculiar ruta enológica.
Ruta nocturna
Después de un intenso día de visitas a bodegas y paseos por viñedos, Alcázar de San Juan nos ofrece una manera diferente de conocer la ciudad. Cuando cae la noche, esta localidad ciudadrealeaña se pone sus mejores galas. Los visitantes pueden descubrir Alcázar gracias a una ruta nocturna en la que un grupo de animadores teatrales y musicales explicarán, de una manera muy especial, los diferentes puntos de interés de este paseo, de unas dos horas de duración.
Como punto de partida, la plaza de España. Bajo la atenta mirada de Don Quijote y Sancho comienza una ruta que recorre algunos de los puntos más interesantes de la ciudad: la Iglesia de Santa Quiteria, la imponente Casa Espadero, el Convento de Santa Clara –hoy reconvertido en un singular hotel y centro de actos culturales-, la Iglesia de Santa María la Mayor del siglo XIII o el torreón almohade de Don Juan de Austria.
Para conocer un poco mejor la historia de Alcázar, qué mejor que asistir a unas originales obras de teatro. El paseo guiado se complementa con breves actuaciones en las que se cuentan pasajes de amor y desamor, historias de fantasmas y relatos famosos de reyes.
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