Es uno de los rincones más hermosos de Cantabria, un lugar que aúna cultura y tradición, y donde sus costumbres más arraigadas se han mantenido intactas con el paso del tiempo gracias a su particular situación geográfica.
El Valle del Pas está situado en el sureste de Cantabria, justo en el límite con la provincia de Burgos, en la zona en la que ve la luz el río Pas, que da nombre a la comarca. Esta región cuenta con más de 15 pueblos y 27.000 habitantes. Vega del Pas, San Roque de Riomiera y San Pedro del Romeral componen su núcleo central, que se extiende también a otras zonas próximas como Selaya, Ruesga, Miera, Luena o Soba.
Enclave natural
La localidad principal del valle es Vega de Pas, sin duda uno de los pueblos con más encanto de toda Cantabria y parte de la península. Sus calles, estrechas y empedradas, desembocan en una plaza con típicas casonas de gran belleza arquitectónica. Destaca la espadaña de la iglesia parroquial, que data del siglo XVII. Sin duda, toda una obra de arte, que merece la pena contemplar.
Los balcones adornados con plantas y flores adornan la plaza y la localidad y provocan una sensación de calma y completo bienestar en los visitantes.
Siguiendo la estela del río Pas llegaremos al pico denominado “Castillo”. Allí se encuentran las cuevas de Pico Viesgo, en las que vivieron hombres primitivos y que tienen una gran riqueza y valor histórico. El Parque Natural de las Dunas de Liencres y la ría de Mogro son otros dos enclaves naturales dignos de admirar.
No muy lejos de allí, se encuentra la zona de Puente Viesgo, un lugar idóneo para descansar y disfrutar de la naturaleza. Después de practicar senderismo, uno puede relajarse en las aguas de su balneario, uno de los más famosos de España y que ha sido lugar de concentración de la selección española de fútbol en alguna ocasión.

Vista aérea del valle del Pas.
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Origen
El origen de los pasiegos no está del todo claro. La teoría más extendida considera a los pasiegos descendientes directos de los cántabros. Además, parece ser que al contar con sangre limpia fueron elegidos monteros del Rey de Castilla (formaban parte de la guardia de cámara personal del rey).
Durante siglos, la economía pasiega se ha sustentado en la agricultura y la ganadería. Así, los pasiegos han vivido gracias a un sistema de ganadería trashumante denominada muda y en la que participaba toda la familia.
Su peculiar ubicación, en una zona montañosa de difícil acceso y llena de valles, justo en el límite que separa las provincias de Cantabria y Burgos, les ha permitido conservar intactas sus tradiciones, como su forma de hablar y los bolos pasiegos. Así, se ha conformado ese forma de ser tan características de los pasiegos.
Cabañas pasiegas
Su arquitectura ha conseguido sobrevivir a lo largo de los años y adaptarse al paso del tiempo. La construcción más característica es la cabaña pasiega. Están construidas en piedra y coronadas con cubiertas de lastras de piedra oscura y disponen de un terreno propio, bien cerrado por un muro.
Las cabañas constan, por lo general, de dos pisos: la planta baja, que suele servir como establo, y la planta superior que sirve como habitación y almacén para alimentos y otro tipo de materiales.
Hasta hace bien poco era común que cada familia tuviera seis o siete cabañas en diferentes alturas de la montaña para asegurarse el pasto durante todo el año. Algunas incluso llegaban hasta las diez o doce. La cabaña principal, conocida como vividora, se encontraba en el fondo del valle. Allí, vivían durante más de medio año.

Típica cabaña pasiega.
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Sin embargo, la crisis que atraviesa la ganadería en España (también en Cantabria) ha llevado a muchos pastores a abandonar sus cabañas. Antes, a penas se pagaban 600 ó 1.000 euros por una cabaña pasiega. La crisis ha paralizado el negocio, pero las mejores pueden llegar a valer entre 60.000 y 90.000 euros.
Esto, unido a la llegada de gente de las ciudades que busca un sitio tranquilo para descansar el fin de semana, ha hecho que las cabañas vayan perdiendo, poco a poco, su principal finalidad. De las cerca de 10.000 cabañas que aún hoy siguen en pie, sólo unas 1.000 mantienen su función primitiva.
Gastronomía
Pero si por el algo es conocido en toda España el valle de Pas, es por sus riquísimos sobaos. Originalmente estos sobaos se hacían a base de pan, azúcar y mantequilla. En 1986, una cocinera del doctor Madrazo, Eusebia Hernández Martín, sustituyó la masa de pan por harina, consiguiendo el toque y sabor actual que tanta fama les ha dado.
*FOTOS: www.elrincondelaventurero.com, www.ojodigital.com