El mes pasado os proponíamos un buen plan para las vacaciones: un viaje por el norte de España visitando algunos de los pueblos más atractivos. Tomad buena nota porque en el centro de la península también hay rincones bellísimos y dignos de ver. Aquí tenéis otra “ayudita” más para disfrutar del verano.
Iniciamos el recorrido en la localidad zamorana de Toro. Este municipio cuenta con un amplio legado medieval y algunos lo consideran un auténtico museo de arquitectura gótica y romana. Dignos de ver son su colegiata y el palacio de Alcañices, donde murió el conde-duque de Olivares. Junto a la población se encuentra el paisaje de la vega donde se cría uno de los vinos más famosos de Castilla.

Una calle de Toro con su iglesia al fondo.
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Al sur de la provincia de Salamanca está la Alberca, llena de belleza y encanto. Sus estrechas calles empedradas y sus casas con entramados en las fachadas y amplios balcones merecen una visita. Los nombres de las calles (La Amargura, Juegadardos, La Sierpe) reflejan el carácter popular de su urbanismo. Los habitantes conservan sus trajes populares para las grandes celebraciones.

Plaza de la Alberca adornada con flores.
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En plena sierra de Guadarrama, a unos 50 kilómetros al norte de Madrid, se encuentra San Lorenzo del Escorial. Esta localidad nació en torno al monasterio del Escorial, que Felipe II decidió levantar entre 1563 y 1584 para conmemorar su victoria en la batalla de San Quintín. El calor de sus empinadas y arboladas calles, así como su gastronomía serrana hacen muy agradable la estancia en la localidad.
La siguiente parada será en Pedraza. Ubicada en la vertiente norte de la sierra de Guadarrama, esta localidad segoviana se encuentra prácticamente amurallada. Tras los muros se esconde todo un entramado medieval donde destacan las casonas con blasones. La iglesia de San Juan y el Ayuntamiento son sus edificios más emblemáticos.
En Soria encontramos una de las poblaciones castellanas con más tradición, Medinaceli. Durante su dominio, los árabes construyeron una alcazaba de la que aún se conserva el trazado urbano y sus murallas. Tal fue la importancia de esta localidad en tiempos de los Reyes Católicos que llegó a contar con 13 parroquias.
Y terminaremos esta ruta en Albarracín, provincia de Teruel. No está muy claro el origen de este pueblo ya que se remonta muchos siglos atrás. Ubicado en pleno paisaje de los Montes Universales, lo más llamativo son sus espectaculares murallas compuestas por nueve torreones. En la cima pueden contemplarse las ruinas del castillo. En sus tiempos, Albarracín fue frontera con el reino moro de Al-Andalus.

Hermoso atardecer en Albarracín.
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*FOTOS: www.lawebmunicipal.com, www.pueblos-espana.org